Homenaje a Jesús Poveda

martes, 4 de septiembre de 2012

Libro "Poemas" de Ediciones " Silbo" de 1936



Jesús Poveda publicó cuatro poemas junto a Carlos Fenoll y Justino Marín:

Amor.- Deseo.- Optimismo.- Un beso de mujer.


AMOR

A Maruja MALLO, mi amor desconocido.

Porque ya fui amante enamorado
que enamoradas di mis ilusiones;
porque ya fui raptor de corazones
y de un verde labrado en el arado.

Porque ya suspiré amor enflautado
que llevó a mi razón otras pasiones
y trocóse mi voz en otros sones,
no por esto seré desesperado

que me corte la vena del olvido
en el viento vibrante de la duda,
sino que haré de fuego mi existencia

y moldearé de nuevo mi gemido,
que surja amor donde haya sangre muda
y haga voces de amantes de insistencia.


Nota.-
La pintora gallega surrealista Maruja Mallo era amiga de Miguel Hernández y e ilustró con sus viñetas el primer número de la revista "Silbo".


DESEO

Temo llevarte estrecho en mi costado
 y viciarte a ser siempre corazón;
 temo una pena, un odio, una ilusión
 que te ponga de espasmo, desalmado.

Temo que sufras verte pronto ajado
 y se acabe el zig zag de tu emoción:
 temo temerte -¡que es ya desazón!—
 y te me vuelvas de rojo, morado.

¡Qué temor y qué nudos apretados
 impiden que vocee mi desaliento!
 No cesará en mi alma este desvelo

hasta que luzcas soles argentados,
aires de más pureza que este viento
 y otro mundo más puro que este suelo.




OPTIMISMO

De voz que yo no tuve como grito
 surgió más imprevista tu figura,
y fuera eso, o fuera tu hermosura,
 un corazón apeno y deshabito.

En sombras labro amor, y necesito
en sombras cimentar tu arquitectura;
 no soy galante que de galanura
 engalane esta duda que aún habito.

Me tienes que dejar dar otras voces
que llenen de energía mis pulmones
 y rompa oscuridades que me anulan;


tienes que darme unas ansias como hoces
para cortar el velo que me pones
en las venas que sangre no acumulan.



UN BESO DE MUJER

Llevaste miel donde un panal tenía
de abejas que, libando tu sonrisa,
tejieron el dolor en mi camisa
y ardieron en un fuego que no ardía.

Pusiste celo donde velo había
y donde más deseo mi pudor eriza:
¡nunca te hubiera visto de sumisa
con luz para vencer tu celosía!...

¡Líbame el corazón en mis tumores,
que no me duela más este deseo!;
¡hazme patrimonio de todo el fuero

que llevas en tu boca de sudores,
y suda más el panal que poseo,
hasta que viva haciendo como muero.

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